Beapptitudes

Recibiendo Compasión

Written on 07/03/2018
Nolan Huber


Lucas 5:17-26

17 Un día, mientras enseñaba, estaban sentados allí algunos fariseos y maestros de la ley que habían venido de todas las aldeas de Galilea y Judea, y también de Jerusalén. Y el poder del Señor estaba con él para sanar a los enfermos. 18 Entonces llegaron unos hombres que llevaban en una camilla a un paralítico. Procuraron entrar para ponerlo delante de Jesús, 19 pero no pudieron a causa de la multitud. Así que subieron a la azotea y, separando las tejas, lo bajaron en la camilla hasta ponerlo en medio de la gente, frente a Jesús.

20 Al ver la fe de ellos, Jesús dijo:

―Amigo, tus pecados quedan perdonados.

21 Los fariseos y los maestros de la ley comenzaron a pensar: «¿Quién es este que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios?»

22 Pero Jesús supo lo que estaban pensando y les dijo:

―¿Por qué razonan así? 23 ¿Qué es más fácil decir: “Tus pecados quedan perdonados”, o “Levántate y anda”? 24 Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados —se dirigió entonces al paralítico—: A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.

25 Al instante se levantó a la vista de todos, tomó la camilla en que había estado acostado, y se fue a su casa alabando a Dios. 26 Todos quedaron asombrados y ellos también alababan a Dios. Estaban llenos de temor y decían: «Hoy hemos visto maravillas».

Devocional:

Me encanta leer los devocionales que Lucas escribe. Es interesante para mí ver cómo pensamos diferente, y de manera similar en otros momentos. Ayer, Luke escribió acerca de cómo es mucho más difícil para él dar compasión que recibir compasión.

Mi experiencia es todo lo contrario.

Estuve en un retiro silencioso el año pasado.

Si me conocen, saben que un retiro silencioso suena como mi peor pesadilla.

En el retiro, el líder nos dividió en grupos de 5 personas y pidió un voluntario de nuestro grupo. No nos informó para qué nos ofrecíamos como voluntarios.

Cuando nadie levantó la mano, decidí ser voluntario.

Luego, el líder nos informó que nuestro grupo tenía que caminar un sendero de 1,5 millas llevando a la persona que se había ofrecido como voluntaria.

Había personas en el grupo que tenían la mitad de mi tamaño, pero tuve que permitir que me llevaran. Me sentí tan terrible.

Durante toda la caminata, sentí esta necesidad ardiente de pedir disculpas al grupo. No pude hacer eso, sin embargo, porque fue un retiro silencioso. Así que silenciosamente me odié a mí mismo por ser el voluntario.

Ese día, Dios me condenó por algo.

Estoy muy orgulloso de recibir ayuda de nadie.

Me pregunto cuántos de nosotros somos demasiado orgullosos para recibir compasión de una manera humilde. Este orgullo entra en la forma en que doy y recibo compasión.

Me encanta dar compasión porque me hace sentir como si estuviera por encima de alguien más. Este mismo orgullo hace que sea tan difícil para mí recibir compasión sin vergüenza.

Esta actitud se infiltra en algunas de las cosas más simples. Si alguien se ofrece a pagar por una comida, inmediatamente quiero decir algo así como: "Será mejor que me dejes hacerlo la próxima vez".

Es sutil, pero Dios me está mostrando que esto es pecaminoso. Esta actitud orgullosa genera relaciones transaccionales.

Las relaciones infundidas con la misericordia de Dios pueden dar y recibir libremente, sin manipulación ni control.

RETO:

Cuando le pedimos a Dios que nos haga más compasivos, también seamos intencionales para recibir más misericordia.